martes, 26 de enero de 2016

Celia cuenta: la magia de los chicles

Yo soy una persona patosa por naturaleza, digamos que no soy muy grácil que se diga, y tiendo a acabar en situaciones algo bochornosas y ridículas. Esto me pasa bastante a menudo y creo que ha llegado la hora de que el mundo sepa de estas historias, así que doy paso a otra sección de este blog titulada: "Celia cuenta" donde amigos mios tendréis el placer de poder reiros a mi costa con algunas de las historias del abuelo cebolleta que voy a contaros. Introduciré esta sección con una de mis maravillosas experiencias:
Empezaré por decir que hay cosas que simplemente ocurren, cosas que suceden y que hacen de tu día algo fantástico. Momentos que según los vives parecen perfectamente absurdos y que deseas poder recordar durante muchos años. Son ocasiones ridículas y bochornosas que suelen acabar en carcajadas, como cuando mientras intentas hacer una pompa con el chicle se lo escupes sin querer a una de tus mejores amigas y este sale despedido hacia su camiseta mientras ella intenta impedirlo a manotazos. Y luego mientras casi llorais de la risa, va y lo pisa con el zapato y se le queda pegado en la suela. Eso sí, a la salida del institutos en medio de una calle abarrotada de adolescentes y con gran riesgo de que alguien haya presenciado toda la escena, y estoy segura de que alguien lo hizo. Estos son los momentos que hacen que tu día sea tan entretenido...
Y esto me lleva a pensar:
Gracias a que acepté ese chicle de fresa (tamaño XXL) de una de mis amigas he pasado toda la tarde sonriendo cada vez que pensaba en el chicle volador, así que sí, loa detalles son importantes, pueden marcar la diferencia entre una sonrisa y una cara de indiferencia.
¡Que vivan los chicles de fresa XXL!

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