martes, 15 de septiembre de 2015

Opinión sobre "Ve y pon un centinela" de Harper Lee

No calificaré esto como una reseña porque no creo que lo sea, no voy a resumir el libro ni a recomendarlo, ni si quiera voy a ponerle nota, solo quiero compartir mis ideas sobre algunos temas tratados y desarrollados en esta novela con el único fin de guardar mis primeras impresiones sobre este manuscrito (considero que es la forma más correcta de llamarlo) que tan inesperadamente ha salido a la luz.
No voy a tener ningún recato a la hora de destripar argumentos, conclusiones y destinos de personajes, así que recomiendo que a no ser que se haya leído la novela o no se tenga intención de ello, no se lea este articulo.

Empezaré diciendo que como entusiasta de "Matar a un ruiseñor" recibí este libro con una alegría inmensa y la espera a que el libro cayera en mis manos se me hizo eterna. Ahora sí, no era para nada lo que me esperaba. No lo digo en el mal sentido, ni tampoco en el bueno, simplemente ha roto todos mis esquemas y aún no tengo claro si para bien o para mal. Yo me esperaba algún relato sobre la madurez de Jean Louise, alguna historia sobre su descubrimiento del mundo. Y en cierta medida eso es lo que he encontrado, pero ésta, en lugar de descubrir el mundo le declara la guerra y en lugar de ver su desarrollo personal he visto su encuentro con la naturaleza humana. Este libro narra en cierta medida el despertar de ese sopor inocente que la había acompañado desde la infancia, el cómo abandona su letargo de buenos conceptos para con los demás.

Antes que nada explicaré que en mi opinión el libro no se ha pulido lo suficiente: parece ser que en su día, cuando la autora se lo presentó a sus editores, a estos no acabó de convencerles, y el manuscrito se guardó en una "caja de los recuerdos" hasta hace poco que se decidió publicarlo. La edición fue muy por encima, y eso se nota en que hay algunas incongruencias con el libro anterior (que en realidad se escribió después). En resumen, debido a la edad de la autora, creo que aunque algunas partes no estaban bien lazadas, se han mantenido así por los editores. El libro es bueno, pero parece un simple borrador al que le falta mucha revisión y muchas correcciones y temas por terminar.

Para explicar cierto concepto he de acudir a los símiles y comparar este libro con su predecesor. "Matar a un ruiseñor" está escrito de forma anecdótica desde el presente recordando la infancia y los recuerdos, probablemente algo distorsionados con el tiempo y la madurez, de Jean Louise y Jem Finch. Esta obra se caracteriza por su tono jovial y por la apacible vida, complicada a veces por triviales preocupaciones, que llevan los niños en Maycomb. "Ve y pon un centinela" está escrito desde otro angulo muy diferente, dejando a un lado las historias veraniegas y enfrentándose a la vida real. El tono en que está escrito es de desconsuelo permanente mientras Jean Louise ve cómo todo su mundo y todos los principios e ideales en los que ella creía confiar se desmoronan de repente. Hay un momento en la vida de todas las personas en el que sus idealizaciones se rompen, y este es el suyo. Scout se encuentra con la cruda realidad de que su padre no es tan perfecto por así decirlo como ella había creído toda su vida.

Encontramos un Atticus Finch muy diferente al respetado, sabio y justo hombre al que Scout (Jean Louise) admiraba y prácticamente veneraba. Tanto es así que en algunos momentos éste llega a expresar ideas supremacistas contradiciéndose a sí mismo y a los ideales que enseñó en su día a sus hijos. Jean Louise le ve en una reunión del Consejo Ciudadano y en ese momento se da cuenta de que su padre no es el hombre que ella pensaba que era. En esos momentos yo aún me resistía a abandonar a mi ídolo: Atticus Finch, pero a medida que el libro avanza, la idea parece reafirmarse.
Cuando yo ya casi había perdido la esperanza de que Atticus se pudiese salvar en mi conciencia de las acciones acusatorias que su hija describía, ella explotó. Le gritó, explicó y prácticamente lloró todo lo que sentía y pensaba. Discutieron y ella le echó en cara todo lo que la estaba matando por dentro. Atticus no se defendió, y permitió que ella le insultase y le echase culpas sobretodos y cada uno de los puntos que ella había expuesto. En este punto debo admitir que yo estaba llorando a mares, porque aunque no acababa de entender la situación del todo, me daba cuenta de lo que Atticus estaba haciendo. Se podía percibir el orgullo y la ternura que su ser emanaba cada vez que ella le gritaba que los negros tenían tantos derechos como ellos. Yo estaba empezando a comprender el comportamiento de Atticus: él siempre había considerado a los negros tan dignos como a los blancos, pero solo como individuales. Según él la comunidad negra estaba muy atrasada aún, y por eso no se les podía dar un poder tan inmenso como el poder de voto de repente, porque al doblarles en número, todos votarían en bloque y las consecuencias podían ser nefastas.
Todo acaba de encajar cuando al final del libro, el tío Jack, hermano de Atticus, le revela a su sobrina un secreto que su hermano y él conocían desde años y que llevaban tiempo esperando a que ella se diese cuenta de ello:
" -Ahora bien, tú, señorita, que naciste con conciencia propia, en algún punto del camino la pegaste como una lapa a la de tu padre. Al crecer, al hacerte mayor, sin darte cuenta, confundiste a tu padre con Dios. Nunca lo viste como a un hombre con el corazón de un hombre y con los defectos de un hombre. Admito que quizás haya sido difícil verlo teniendo en cuenta lo poco que se equivoca, pero lo cierto es que comete errores, como todos. Eras una tullida emocional, te apoyabas en él, encontrabas siempre la respuesta en él, dabas por sentado que tus conclusiones serían también las suyas, siempre.
Jean Louise escuchaba a la figura sentada en el sofá.
 -Cuando te presentaste allí y lo viste haciendo algo que te pareció que era la antítesis de su conciencia, o de la tuya, literalmente no pudiste soportarlo. Te pusiste físicamente enferma. La vida se convirtió en un infierno para ti. Tenías que matarte tú o tenía que matarte él para conseguir que funcionaras como un ser autónomo.
<<Matarme. O matarlo. Tenía que matarlo para vivir...>>.
 -Hablas como si supieras desde hace mucho lo que iba a pasar. Tú...
  -Así es. Y tu padre también lo sabía. A veces nos preguntábamos cuándo tomarían caminos separados tu conciencia y la suya, y cuál sería el detonante..."
 Esto justifica en cierta medida el comportamiento de Atticus, pero hay algunos hilos sin hilvanar aun. Yo no entiendo como un hombre que ha permitido que a sus hijos prácticamente los criase una mujer negra, que defendió con orgullo a un negro inocente acusado de violar a una blanca en un juicio y que siempre ha promovido la igualdad puede intentar retrasar el crecimiento de la sociedad negra, por muy prudente que sea. Cosas como estas son algunas de las que hacen que el libro en general resulte algo desconcertante.
Otro de los cabos sueltos es Calpurnia, la criada negra que había servido en casa de los Finch durante veinticinco años y que prácticamente había criado a los niños al faltar la madre de estos. De repente, cuando Jean Louise va a visitarla se encuentra con una anciana obstinada que cree que todos los blancos intentan hacerle mal. Esa es la gota que colma el vaso de la desesperación de Scout: ver a la mujer a la que ella había amado desde niña rechazarla por el color de su piel, verla como a una simple blanca.

Jem. Puede que hayáis notado que no he mencionado aun a nuestro querido Jem Finch, y es que resulta que había muerto cinco años atrás debido a una insuficiencia cardiaca, igual que su madre. Eso demuestra que este libro se escribió antes de Matar a un ruiseñor, ya que la señora Lee aun no le tenía el cariño suficiente como para salvarlo (al contrario que nosotros). Para compensar la figura de hermano protector se introduce un personaje nuevo: Henry Clinton (Hank), amigo de la juventud de su hermano, novio de Scout y discípulo y sucesor de Atticus. Jean Louise también está disgustada con él ya que éste había asistido con Atticus al Consejo Ciudano. Más tarde comprende que esa es su forma de encajar entre los ciudadanos de Maycomb, que le juzgan por ser de una familia pobre. A lo largo de toda la trama ella está indecisa sobre volver a casa y casarse con Hank, o quedarse en Nueva York. El final deja el tema abierto, pero da la impresión de que ella ha decidido volver a Nueva York.

Me ha gustado mucho es la idea de que Jean Louise es daltónica, que no distingue entre negros y blancos. Me ha encantado la evolución de este personaje y, aunque sigue siendo la Scout de ocho años que se sienta en el regazo de su padre, verla convertida en una mujer independiente es realmente curioso.

Para ir concluyendo:es un buen libro, eso no se puede dudar, pero es un simple borrador. Los argumentos no están terminados,  y los personajes tienen comportamientos algo extraños. Sin embargo, me parece buena idea la desidealización de Atticus, me ha gustado también la aparición más notable del tío Jack y me ha encantado ver a Jean Louise luchando por lo que cree que es justo, tal y como lo hacía su padre cuando era más joven. Me ha desilusionado un poco el no haber encontrado a Jem, pero los recuerdos que a menudo recurren en la mente de su hermana lo han compensado un poco.

Ojalá la señora Lee hubiese escrito más obras maestras como estas. En mi opinión nada igualará nunca a Matar a un ruiseñor, pero este epílogo ha sido interesante y merecedor del nombre a pesar de las malas críticas.

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